sábado, agosto 13, 2022
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¿Por qué los Warrios de Curry han ganado la NBA?

Los Golden State Warriors han cimentado su nuevo anillo en Stephen Curry, el jugador más influyente en el mundo del baloncesto en las últimas décadas, el talento emergente Jordan Poole, el canadiense Andrew Wiggins y el pivot Draymond Green

Draymond Green, el pivot (bueno, realmente puede jugar de lo que quiera) titular de los Golden State Warriors me cae mal. No es una fobia demasiado original. Le cae gordo a casi toda la liga, desde los jugadores a los aficionados. ‘Trash talking’ (comentarios fuera de todo durante el partido) continuo, quejas a los árbitros, miradas desafiantes al público y piques varios con las estrellas rivales le ponen permanentemente en el ojo del huracán.

Con el reglamento en la mano, le deberían haber expulsado la mitad de los partidos de estos playoffs. Pero hay que reconocerle que a veces dice verdades como puños. Hace unos meses declaró: «Ya lo hemos hecho antes, sabemos cómo ganar». Y efectivamente, lo han hecho. Y no partían en la ‘pole position’. Pero en la NBA no se trata solo de tener el mejor equipo, sino de sobrevivir y aprovechar las oportunidades cuando otros equipos se han ido autodestruyendo (Nets, Lakers, Suns).

La cuestión no es tanto porque han ganado este año, sino porque lo dejaron de hacer cuando parecían lanzados hacia una dinastía infinita. Porque este equipo ha tenido un paréntesis de tres años. En junio de 2019, cuando empezaban a jugar sus quintas finales consecutivas, los Golden State Warriors eran la máquina de hacer baloncesto más letal de la historia, con los dos jugadores más desequilibrantes de la liga en ese momento (y quizás en este, también), Kevin Durant y Stephen Curry.

Si a eso le juntas el mejor tirador de la liga (Klay Thompson) y a uno de los mejores defensores (nuestro amigo Draymond Green), el resultado era explosivo. Pero el equipo hizo crack, y lo hizo de manera literal. Durant (quien acabó abandonando el equipo ese verano) y Thompson se lesionaron de extrema gravedad, los Warriors perdieron esas finales y se enfrentaron a un territorio desconocido, al menos desde que llegó Steve kerr, un saco de derrotas en las siguientes tres temporadas.

Steve Kerr, entrenador de los Warriors.

Curry también cayó lesionado y se perdió prácticamente un año y Klay… bueno, es un poco más dramático. Cuando estaba a punto de reaparecer, se volvió a romper y tuvo que esperar otro año y medio. Su vuelta a las canchas hace solo unos meses, tres años y medio después de su último partido supone uno de los momentos más emotivos de la temporada. Pero en este paréntesis, el equipo de San Francisco no ha perdido el tiempo y han acoplado nuevas piezas a su arsenal.

El talento emergente Jordan Poole y un jugador que parecía alejado ya para siempre de los grandes focos después de llegar a la liga casi como un nuevo mesías, el canadiense Andrew Wiggins. Ambos han sido piezas esenciales en la consecución del título. Después de una buena pero no descollante temporada regular, los Warriors de Curry (34 palos), Klay (31) y Green (31) han ido eliminando del tablero a las estrellas de nueva generación, el doble MVP Jokic y sus Nuggets, a los Grizzlies del probablemente jugador más espectacular de la liga, Ja Morant (aunque se perdió buena parte de la serie por lesión) y a los Mavs de Luka Doncic.

En la final, se encontraron con unos Celtics con el depósito de gasolina muy justo después de dos batallas a siete partidos con dos de los equipos más físicos de la liga (Bucks y Heat). Y lo hicieron con la receta habitual de defensa de élite y ataque basado en el talento de sus jugadores, potenciado por el entorno propiciado por Steve Kerr, quien después de este último, acumula nueve anillos entre jugador y entrenador.

No es una hipérbole afirmar que este equipo ha cambiado el juego, y que los espacios en la pista se han agrandado debido a su manera de entender este deporte. Y quien más ha contribuido a ello es Stephen Curry, el jugador más influyente en el mundo del baloncesto en las últimas décadas. Su rango de tiro, y sobre todo el ejecutarlo tras bote le han convertido en un arma de destrucción masiva para el que no hay respuestas.

Su cuarto partido de estas finales, con 43 puntos, rescatando a su equipo cuando estaba contra las cuerdas, ya es historia. Pero a este jugador, que llegó a ser MVP de la temporada regular de manera unánime (algo que no había pasado nunca) se le resistía el galardón más buscado para cualquier jugador del planeta, el ser el mejor jugador de las finales (en ninguno de los tres anillos anteriores lo había conseguido). Ahora, el mejor jugador del mundo cierra el círculo y todos dormimos un poco más tranquilos sabiendo que, a veces, el mundo (al menos el del deporte) es justo.

Chechu Lozano es copresentador del podcast ‘Ración de NBA

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