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11 de marzo, una fecha para el recuerdo y el reencuentro

El 11 de marzo de 2004 Madrid sufrió el mayor atentado yihadista registrado en Europa. Diez bombas hicieron explosión de manera casi simultánea en cuatro trenes de Renfe-Cercanías repletos de viajeros en plena hora punta de un jueves laborable, entre las 07:36 y las 07:40 horas. Murieron 192 personas y casi 2.000 resultaron heridas. Aquel fue un día muy duro y de mucho dolor. Creo que todos recordamos donde estábamos en ese momento. En mi caso, estaba terminando de desayunar en casa mientras escuchaba, como cada mañana, el programa radiofónico de Iñaki Gabilondo, “Hoy por Hoy”, cuando empezaron a informar, en esos primeros momentos aún de manera muy imprecisa, de las explosiones. Al salir de casa ya se hablaba de una decena de muertos. Cuando llegué a la oficina la cifra ya había ascendido a varias decenas. Esa mañana ni mis compañeros ni yo pudimos trabajar. Apenas hablábamos ni interaccionábamos entre nosotros, pegados a la radio y la televisión, consternados y paralizados ante semejante barbarie. Poco antes de comer escuchamos la comparecencia del entonces presidente del Gobierno José María Aznar, con la esperanza de recibir aclaraciones ante la conmoción. Desgraciadamente, conforme avanzaba el día, las noticias eran más aterradoras y dramáticas, mientras, en paralelo, se iba incrementando la confusión sobre la autoría del atentado, con el estupor que implicaba que la mayor parte de los medios nacionales y prácticamente todos los internacionales informaban de una autoría y el Gobierno insistía en otros autores. A partir de aquí, todos sabemos lo que sucedió en los días siguientes. 

El 12 de marzo, millones de personas se manifestaron por las calles de España contra los atentados. En Madrid, la manifestación convocada por el Gobierno y todos los partidos congregó pese a la intensa lluvia a más de dos millones de personas. El 13 de marzo miles de personas indignadas se manifestaron exigiendo saber la verdad sobre la autoría de los atentados y acusando al Gobierno del Partido Popular de mentirosos. Cerca de 5.000 personas se concentraron ante la sede del PP en la calle Génova, repitiéndose este hecho en otras ciudades. Finalmente, el 14 de marzo se celebraron elecciones con una participación masiva, más del 77%, resultando ganador el PSOE de Rodríguez Zapatero frente al PP de Rajoy. 

El Gobierno de Aznar no estuvo a la altura de las circunstancias. Despreció evidencias policiales por un interés estrictamente electoral, tratando de imponer el relato falsario de que había sido ETA quien había perpetrado el atentado. Pero las informaciones se fueron abriendo paso a la vez que la indignación de la ciudadanía fue creciendo hasta desbordarse. Fue una doble prueba para la democracia española, la que nos impuso la barbarie terrorista y la inesperada, aquella que nos lanzó el Gobierno de Aznar. Y la sociedad respondió decidida a no dejarse aterrorizar, sobreponiéndose al dolor y demostrando que España es una democracia madura. 

Veinte años después, este pasado lunes, como cada año, coincidiendo con el aniversario del atentado, se ha recordado y rendido homenaje a las víctimas con la celebración de diferentes actos en toda España, principalmente en Madrid. Aún hoy todo sigue siendo estremecedor y cuesta evocar ese día sin que un escalofrío nos recorra la espalda. La memoria es un deber que debemos mantener todos, mediante el recuerdo de las víctimas, de todas. Sin embargo, resulta muy llamativa nuestra evidente incapacidad para ponernos de acuerdo unos y otros a la hora de hacerlo. Cada 11 de marzo, asistimos en Madrid a una sucesión esquizofrénica de actos conmemorativos, solapándose y compitiendo incluso en ocasiones unos con otros. La Asociación 11M Afectados por el Terrorismo organiza en Atocha su acto, mientras que la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) lo hace en el Parque del Retiro. Como si hubiera diferencias entre unas víctimas de terrorismo y otras. ¿Acaso no son iguales? ¿Es que no son todas de todos? El presidente de la Asociación 11M Afectados por el Terrorismo, Eulogio Paz, en el acto de homenaje celebrado este año en la estación de Atocha se quejó de la falta de recursos que recibe su asociación y las víctimas del 11M desde las instituciones madrileñas. Mientras, Maite Araluce, la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, se quejó de sentirse abandonados por el Gobierno de España. Sin entrar en el fondo de ambas declaraciones, toca preguntarse, ¿qué queda del espíritu de aquel lema de la manifestación del 12 de marzo de hace veinte años, “con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”? 

Yo quiero reclamar desde este artículo ese lema y recuperarlo. Dejemos de cavar trincheras que dividan y separen a las víctimas, etiquetándolas y enfrentándolas entre sí. Basta de instrumentalizar y politizar algo, el apoyo a quienes sufrieron la sinrazón del terrorismo, que nos debería unir. Abandonemos los intentos de patrimonializar lo que sucedió ese día y en tantos días anteriores y posteriores y recuperemos la conciencia de aquel 11 de marzo de 2004 en el que sentimos que las víctimas eran nuestras, que eran de todos y cada uno de nosotros.