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Historias de mi vida liberal: al gobierno socialcomunista de Yolanda Díaz con el aumento del SMI se le genera paro e inflación en vez de bienestar

La patronal avisa: las pymes han dejado de crear 350.000 empleos desde 2018 por la subida del SMI, por encima de los salarios de mercado existentes en esa fecha. Son las más afectadas por el SMI, al representar el 70% del sueldo medio de las empresas más pequeñas, según Cepyme. A la vez que aumenta  la brecha entre salarios y productividad en las pequeñas empresas

En un contexto económico desafiante, la relación entre salarios y productividad es un factor clave para la sostenibilidad de las empresas. Un reciente informe destaca que, a medida que la brecha entre ambos indicadores se amplía, los costes laborales se vuelven más gravosos, especialmente para las empresas de menor tamaño.

Desbalance entre salarios y productividad. El aumento de los salarios sin un crecimiento proporcional en la productividad genera una presión financiera significativa sobre las compañías. Mientras que las grandes corporaciones pueden compensar estos costos mediante economías de escala o acceso a financiamiento más favorable, las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) enfrentan mayores dificultades para absorber estos incrementos. Según el informe, las empresas más pequeñas tienen menos margen de maniobra para trasladar estos costos a los precios finales de sus productos o servicios, lo que puede afectar su competitividad y rentabilidad. Además, el acceso limitado a tecnología y recursos impide que muchas de estas organizaciones puedan mejorar su productividad al mismo ritmo que el incremento de los salarios.

Efectos en las pequeñas empresas, especialmente entre los temporeros del campo y el servicio doméstico, Estos y las PYMEs representan una parte fundamental del tejido empresarial y del empleo en muchos países. Sin embargo, la creciente diferencia entre salarios y productividad las coloca en una situación de vulnerabilidad. Entre las principales consecuencias de este fenómeno se encuentran:

Menor capacidad de inversión: Con costes laborales más elevados, las pequeñas empresas pueden ver restringida su capacidad para invertir en innovación y crecimiento.Reducción de empleo: Algunas empresas optan por reducir su plantilla o no contratar nuevos empleados para mitigar el impacto de los mayores costes. Aumento de la informalidad: En ciertos casos, los negocios más pequeños pueden recurrir a la informalidad para evitar cargas laborales excesivas. Mayor riesgo de cierre: Si la brecha entre productividad y salarios continúa ampliándose, muchas empresas pequeñas podrían verse obligadas a cerrar sus operaciones.

Posibles soluciones. Para contrarrestar este problema, es necesario que tanto el sector público como el privado trabajen en estrategias que fomenten la productividad sin que esto suponga un freno al crecimiento salarial. Algunas medidas podrían incluir:

Incentivos a la digitalización y modernización: Facilitar el acceso a herramientas tecnológicas que permitan mejorar la eficiencia operativa de las PYMEs.

Programas de formación y capacitación: Fomentar la mejora de habilidades entre los empleados para incrementar su productividad.

Reformas laborales equilibradas: Diseñar políticas que promuevan el empleo formal sin sobrecargar a los empleadores con costos excesivos.

Acceso a financiamiento accesible: Crear mecanismos de crédito específicos para que las PYMEs puedan invertir en innovación y expansión.

El desafío radica en encontrar un equilibrio entre la mejora de las condiciones laborales y la sostenibilidad de los negocios, especialmente aquellos de menor tamaño. Solo a través de políticas adecuadas y estrategias empresariales innovadoras será posible garantizar un crecimiento económico inclusivo y sostenible.

A mediados de 2025, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue enfrentándose a intensos debates internos sobre la evolución del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). La vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha chocado frontalmente con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sobre el impacto de las sucesivas subidas del SMI y las medidas económicas necesarias para sostener el empleo en España.

Las subidas del SMI generan paro e inflación: análisis económico. El debate sobre la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) es recurrente en la esfera económica y política. Mientras que algunos lo consideran una herramienta fundamental para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, otros advierten sobre sus posibles efectos adversos, como el aumento del desempleo y la inflación.

Impacto en el empleo. Uno de los principales argumentos en contra del incremento del SMI es su efecto sobre el empleo. Al elevarse el coste de contratación, las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, pueden verse obligadas a reducir su plantilla o a no generar nuevos puestos de trabajo. En sectores con márgenes de ganancia reducidos, como la hostelería o el comercio minorista, los aumentos salariales pueden derivar en despidos o en una mayor automatización de procesos, reduciendo así la demanda de trabajadores.

Además, las subidas del SMI pueden afectar con mayor intensidad a los colectivos con menor cualificación y experiencia, ya que su productividad no siempre justifica los costes laborales más elevados. Como resultado, estos trabajadores pueden tener mayores dificultades para acceder al mercado laboral o conservar su empleo.

Relación con la inflación. Otro efecto relevante de las subidas del SMI es su impacto en la inflación. Al aumentar los costes laborales, muchas empresas trasladan estos incrementos a los precios de sus productos y servicios. Este fenómeno genera una espiral inflacionaria en la que el alza de los salarios se ve neutralizada por el encarecimiento del costo de vida, afectando a los mismos trabajadores que se buscaba beneficiar.

Asimismo, en un contexto de alta inflación, una subida del SMI puede exacerbar el problema al generar expectativas de nuevos incrementos salariales en otros sectores, impulsando aún más los precios y reduciendo la competitividad de la economía.

Alternativas a la subida del SMI. Si bien mejorar las condiciones salariales de los trabajadores es un objetivo loable, existen alternativas que podrían ser más efectivas y menos perjudiciales para el empleo y la inflación. Entre ellas destacan la reducción de cargas fiscales para las empresas, la mejora de la formación y cualificación de los trabajadores para aumentar su productividad y la promoción de incentivos fiscales para la contratación.

En conclusión, aunque el incremento del SMI puede traer beneficios en términos de ingresos para ciertos trabajadores, sus efectos negativos en el empleo y la inflación no deben ser ignorados. Es fundamental encontrar un equilibrio que permita mejorar los salarios sin poner en riesgo la estabilidad económica y laboral del país.

Desde la histórica subida del SMI a 900 euros en 2019, el coste de contratación ha aumentado significativamente. A pesar de las advertencias de diversos organismos económicos, el Ejecutivo ha mantenido una política de incremento progresivo del salario mínimo, alcanzando los 1.200 euros en 2024. Este último aumento ha generado tensiones dentro del gobierno de coalición, con Montero advirtiendo de las dificultades fiscales para compensar las pérdidas de empleo en sectores vulnerables, mientras que Díaz insiste en que la medida es un paso esencial para la justicia social.

Los datos económicos muestran un panorama preocupante. El desempleo juvenil, que ya era elevado en 2019, ha alcanzado cifras récord en 2025, con más de 300.000 jóvenes menores de 25 años en paro. La tendencia también ha afectado a los trabajadores extranjeros, cuyo desempleo ha subido en más de un 5% respecto a 2023. Además, sectores como la agricultura y el empleo doméstico han sufrido una mayor precarización, con una reducción del 15% en el número de empleados en el servicio doméstico y un incremento del empleo sumergido.

Las disputas dentro del gobierno han sido notorias. Mientras Díaz defiende que la subida del SMI es un mecanismo de redistribución de riqueza y protección de los trabajadores, Montero ha expresado su preocupación por el déficit público y el impacto en la competitividad de las pequeñas y medianas empresas. La titular de Hacienda ha advertido que el incremento del salario mínimo ha encarecido los costes laborales hasta niveles que ponen en riesgo la viabilidad de miles de negocios, especialmente en el sector agrícola y el comercio minorista.

El conflicto se ha intensificado tras la publicación de un informe del Banco de España que señala que el aumento del SMI ha generado un impacto negativo en la creación de empleo y ha acelerado la automatización en sectores con alta contratación de mano de obra no cualificada. En este contexto, la Seguridad Social ha registrado una desaceleración en la afiliación de trabajadores, reflejando la creciente dificultad de las empresas para absorber los costes laborales.

En paralelo, el gobierno ha incrementado las ayudas sociales y programas de subsidios, incluyendo un refuerzo del PER en Andalucía y Extremadura, lo que ha generado acusaciones de clientelismo político. Críticos del Ejecutivo sostienen que esta estrategia busca consolidar un voto cautivo entre los sectores más dependientes del Estado, dificultando un cambio político en el futuro.

La crisis política dentro del Ejecutivo ha sido evidente en los recientes consejos de ministros, donde la tensión entre Díaz y Montero ha sido palpable. Mientras la vicepresidenta de Trabajo aboga por un nuevo aumento del SMI hasta los 1.300 euros en 2026, la ministra de Hacienda insiste en que, sin una reforma estructural de la economía y una mejora en la productividad, dicha medida solo agravará el desempleo y la inflación.

En este contexto, la incertidumbre económica y laboral en España sigue en aumento. La falta de consenso dentro del gobierno sobre la política salarial y la sostenibilidad del empleo podría tener repercusiones significativas en las próximas elecciones generales, donde el debate sobre el modelo económico y laboral será central en la agenda política. Pues con las subidas del SMI se genera pobreza y no riqueza, además de aumentar los impuestos para equilibrar el presupuesto.